|
El
Síndrome de Down ->
Perfil
educativo
|
La educación de todos los niños con o sin síndrome
de Down tiene como objetivo el pleno desarrollo
de cada niño, que se puede concretar en fomentar
las capacidades que les permitan:
-
Adquirir los conocimientos, actitudes
y procedimientos que les posibiliten una integración
plena en la comunidad en la que viven
-
Desarrollar su autonomía e independencia personal
y
- Actuar
con madurez y responsabilidad
Las personas con síndrome de
Down tienen unas características educativas
particulares; es muy importante conocerlas y
ajustar los materiales educativos, espacios,
instalaciones, actitudes de los profesionales
y compañeros, estilos de aprendizaje, claves
motivacionales, metodología, etc a dichas características.
Así lograremos que estas personas desarrollen
todas sus potencialidades.
El aprendizaje a través de
la observación y de la imitación es un punto
fuerte de los niños con síndrome de Down.
a) Atención temprana
Entendemos que el fin último de la Atención Temprana
de niños con síndrome de Down es proporcionar
los medios y recursos necesarios para que logren
un desarrollo adecuado, fomentando al mismo
tiempo la integración familiar y social y buscando
que alcancen el grado máximo de autonomía e
independencia: que lleven una vida lo más normalizada
posible.
Debemos tener claro este fin porque a veces se
confunde con fines parciales incluidos en los
programas como la adquisición de una habilidad
o la ejecución de una actividad o juego.
La atención temprana exige una actitud activa por
parte de los padres y profesionales que rodean
al niño con síndrome de Down: se trata de prevenir
posibles problemas e intervenir en los que ya
los son, no de esperar de brazos cruzados a
que el tiempo los solucione. Pero es necesario
concienciarse de que el niño con síndrome de
Down debe ser, por encima de todo, un niño (no
un paciente o enfermo); por lo tanto no es adecuado
someter al niño a continuas terapias y ejercicios
sin descanso.
El ritmo y los objetivos del programa de atención
temprana los marca cada niño, con sus características
y circunstancias personales.
Los programas de atención temprana deben intentar
desarrollan el mayor número de capacidades básicas
lo mejor posible. Estas capacidades influirán,
decisivamente, en la adquisición de otras habilidades.
La atención, la percepción, la comprensión,
la motricidad gruesa y fina son la base para
aprendizajes posteriores, donde se incluyen
los aprendizajes académicos. Además, estos programas
deben potenciar la motivación y autoestima del
niño, independientemente de los resultados obtenidos.
Los programas de atención temprana dirigidos a
los bebes y niños con síndrome de Down comenzaron
desarrollando exclusivamente aspectos del área
de la motricidad. Pero actualmente se han añadido
aspectos del área cognitiva, perceptiva y del
lenguaje:
-
Fisioterapia: Los niños con síndrome de Down tienen una musculatura más flácida
de lo normal que les genera dificultades para
desplazarse autónomamente y coordinar sus movimientos:
la independencia.
-
Psicoterapia: es necesario ayudarles a explorar el mundo que les rodea puesto
que no son curiosos por naturaleza. Además,
serán necesarios apoyos en el desarrollo de
la atención, percepción, discriminación, etc.
-
Logopedia: el lenguaje necesita mucha intervención, sobre todo en lo que concierne
al área expresiva, puesto que estos niños muestran
buena capacidad de comprensión.
-
Terapia ocupacional: trabajar habilidades sociales como comer, compartir,
jugar, expresarse y prepararse para desenvolverse
de manera autónoma en el mundo.
La plasticidad cerebral del
ser humano es mayor durante su primer año de
vida. Por ello, debemos aprovechar este momento
clave para desarrollar al máximo todas sus capacidades,
puesto que en este desarrollo previo descansará
su futuro desarrollo vital.
b) Lectura, escritura
Antes, la mayor
parte de las personas con síndrome de Down eran
analfabetas porque se les negaba la posibilidad
de aprender a leer y escribir. Hoy la mayoría
de ellas aprenden a leer y escribir.
Los
programas de atención temprana deben incluir
ejercicios que preparen al niño para el posterior
aprendizaje de la lectura y escritura. Durante
su adolescencia y vida adulta debe seguir realizando
actividades que refuercen y mejoren dichos aprendizajes.
Para
que las personas con síndrome de Down desarrollen
una vida normalizada e integrada es muy necesario
el aprendizaje de la lectura y escritura.
La iniciación a la prelectura
puede hacerse desde los 2 años. Los niños con
síndrome de Down aprenden bien a través de métodos
visuales y esto les ayuda a aprender a leer.
Las
actividades de lectoescritura les provocan
beneficios como:
1)
Mejorar la discriminación auditiva de
los sonidos hablados y los conocimientos fonológicos
de los sonidos de las palabras
2)
Lograr representaciones fonológicas más
precisas en el circuito fonológico.
3)
Proporcionar claves visuales para almacenar
y recuperar palabras habladas: facilitar el
rápido recuerdo de las palabras habladas.
4)
Practicar frases gramaticales completas,
paliando su posible falta de utilización en
el lenguaje hablado espontáneo.
5)
Mejora el lenguaje porque aumenta y mejora:
el vocabulario, la longitud de palabras y enunciados,
la concordancia de género y número, la utilización
de verbos, la articulación e inteligibilidad
del habla y el lenguaje espontáneo.
6)
Incrementa notablemente su comunicación
y habilidades sociales
7)
Desarrolla y mantiene sus capacidades
intelectuales
8)
Incrementa sus conocimientos y su cultura
9)
Facilita su integración social y laboral
y su autonomía personal
10) Combate su aislamiento
11) Aumenta su calidad de vida: les produce satisfacción personal
La lectura
y escritura deben ser trabajadas a ritmo
distinto porque los niños con síndrome de Down
pueden aprender a leer antes que a escribir,
ya que las habilidades grafomotrices se desarrollan
más tarde.
Los niños con síndrome de Down también deben mejorar su comprensión
lectora. Esto se realiza trabajando textos escritos.
Esto resultará más efectivo si los textos elegidos
“conectan” con el alumno con síndrome de Down
respecto al tema y vocabulario. Además, es recomendable
que las frases y los párrafos no sean muy extensos.
Facilitaremos todavía más la comprensión de
los textos si presentamos la información con
un tamaño y tipo de letra adecuado y atractivo
para los alumnos con síndrome de Down.
El ordenador es motivador, novedoso y atractivo para todos los niños;
puede ayudar a mejorar el lenguaje escrito de
las personas con síndrome de Down si se trabajan
los ejercicios adecuados y enfocados a dicho
fin.
Existe la necesidad de unos requisitos previos a la lectura:
-
Nivel mínimo de atención (suficiente
para mirar una ilustración)
-
Nivel de memoria a corto plazo
(que se irá incrementando poco a poco)
-
Nivel
comprensivo (50 palabras usuales y algunas instrucciones
verbales)
-
Nivel
mínimo de lenguaje expresivo (que se pueda comunicar
con palabras o gestos)
-
Discriminación
visual para diferenciar imágenes
-
Discriminación
auditiva para diferenciar unas palabras de otras
-
Ciertos
hábitos de trabajo que le permitan mantenerse
sentado y atender a las órdenes que se le dan.
c) Aritmética y cálculo
Las personas con síndrome de Down presentan serias dificultades en
la aritmética y el cálculo, procesos
en los que han de intervenir la memoria a corto
plazo y el procedimiento numérico.
La suma y la resta son medios para resolver problemas de la
vida diaria. Tienen la misma importancia que
leer, hablar y expresarse con propiedad de cara
a su respectiva autonomía dentro y fuera del
ámbito familiar. Un niño con síndrome de Down
tiene capacidad para contar, sumar y restar
de la misma manera que la tiene para leer y
hablar, aunque este proceso tenga su propio
ritmo en el tiempo.
En el cálculo tienen dificultades casi todos los niños y jóvenes,
tengan o no síndrome de Down. Hay un componente
de abstracción muy alto que dificulta comprenderlo
y aplicarlo.
Contar y saber resolver operaciones
matemáticas son los instrumentos que permiten
resolver algunas de las situaciones problemáticas
con las que podemos encontrarnos en nuestra
vida cotidiana.
-
Contar parece algo sencillo pero necesita la integración de una serie de
técnicas (ej.: saber los números en el orden
correcto). El aprendizaje de estas técnicas
es lento: necesita mucha práctica para que el
niño o joven con síndrome de Down lo interiorice.
Suele ser provechoso trabajar por separado la
comprensión y la mecánica.
-
La suma es la unión. Hay que ejemplificándola con acciones concretas y objetos
reales, pero también hay que trabajar la mecánica
para automatizarla.
-
La resta es poco asequible para las personas con síndrome de Down. La técnica
más funcional es restar añadiendo
-
La multiplicación es una suma abreviada de sumandos iguales. Algunos tiene problemas
para memorizar las tablas. Cuando se conoce
su "utilidad" se puede utilizar la
calculadora.
-
La división nos permite partir y repartir algo, a partes iguales, aunque a veces
quede un resto.
Para resolver los problemas es necesario comprender
su enunciado. El lenguaje que empleemos es muy
importante para la comprensión. Muchas de las
palabras que utilizamos forman parte del lenguaje
habitual, pero trasladadas al lenguaje matemático
tienen un significado particular y esto dificulta
la comprensión.
La comprensión se puede facilitar acercando el enunciado a la experiencia
diaria del niño, para que no le cueste imaginárselo
mentalmente. Para poder resolver problemas hay
que saber sumar y restar. Debemos evitar que
los problemas se resuelvan de una forma mecánica.
Los problemas matemáticos sirven para enseñar al niño o al
joven a pensar, a analizar la información, las
circunstancias que le rodean y a buscar soluciones.
La vida cotidiana, en la casa y en el colegio,
plantea continuamente pequeños problemas que
el niño y el joven con síndrome de Down pueden
resolver por sus propios medios si le damos
el tiempo y le enseñamos las estrategias necesarias
para hacerlo.
d) Dificultades de aprendizaje y necesidades educativas especiales
· Necesitan estrategias didácticas individualizadas.
· Necesitan que se les enseñen cosas que otros aprenden espontáneamente.
· Necesitan más tiempo de escolaridad: aprenden más despacio y de modo
diferente.
· Precisan mayor número de ejemplos, ejercicios, actividades: más práctica
y repeticiones para alcanzar los mismos resultados.
· Requieren una mayor descomposición en pasos intermedios, una secuenciación
más detallada de objetivos y contenidos.
· Tienen dificultades de abstracción, de transferencia y de generalización
de los aprendizajes.
· Necesitan, en la mayor parte de los casos, Adaptaciones Curriculares
Individuales.
· Necesitan apoyos personales de profesionales especializados en materia
de Pedagogía Terapéutica, Logopedia, Psicoterapia
y Fisioterapia.
· Necesitan entrenar de forma específica los procesos de atención y
los mecanismos de memoria a corto y largo plazo.
· El aprendizaje de las operaciones matemáticas básicas es costoso para
ellos; también les cuesta la comprensión y resolución
de problemas matemáticos y el cálculo.
· Necesitan apoyo logopédico individualizado. El lenguaje es un campo
en el que la mayor parte de los alumnos con
síndrome de Down tiene dificultades y que requiere
un trabajo específico.
· Casi todos pueden llegar a leer, siendo recomendable el inicio temprano
de este aprendizaje (4-5 años).
· Necesitan que se les evalúe en función de sus capacidades reales y
de sus niveles de aprendizaje individuales.
· El interés por la actividad a veces está ausente o se sostiene por
poco tiempo.
· Tienen limitada la capacidad de explorar el mundo que les rodea y
la curiosidad.
· Son lentos respondiendo a las órdenes que le damos.
· Tiene dificultad en solucionar problemas nuevos, aunque éstos sean
parecidos a otros vividos anteriormente.
· Puede aprender mejor cuando ha obtenido éxito en las actividades anteriores.
· El feed-back positivo tras la realización de las tareas aumenta su
interés por las mismas.
· Si participa activamente en
la tarea, la aprende mejor y la olvida menos.
e) Centro educativo ordinario: la integración
Hace 30 años los niños con síndrome de Down no
acudían a los colegios ordinarios sino a los
colegios especiales segregados, formados únicamente
de personas con discapacidad. Les enseñaban
habilidades educativas prácticas para la vida
cotidiana, y los programas académicos eran mínimos
o no existían. El entorno social y pedagógico
era anormal y empobrecido. No tenían modelos
de su edad para jugar, aprender a hablar o a
comportarse.
Hoy, esto ha
cambiado en muchos lugares y, desde la infancia,
estas personas reciben servicios atención primaria
y programas educativos específicos para atender
a sus necesidades. Acuden a colegios ordinarios.
Consiguen una independencia y oportunidades
laborales.
En principio,
todos los niños con síndrome de Down o con dificultades
similares deberían estar integrados en la escuela
ordinaria, exceptuando aquellos casos más complicados,
que tienen asociados al síndrome otras patologías
y que requieren de unas adaptaciones curriculares
individuales muy significativas (entorno al
15% de las personas con síndrome de Down).
Optar por un
centro de educación especial o por un centro
educativo ordinario (de integración escolar)
tiene ventajas e inconvenientes en ambos casos,
por lo que será necesario estar atento y compensar
las carencias de una u otra modalidad. Para
tomar la decisión se debe analizar qué es lo
más adecuado para cada niño en concreto, teniendo
en cuenta sus características personales y sus
circunstancias familiares. Se trata de decidir
qué tipo de escolarización va a ayudar mejor
al niño a desarrollar sus capacidades y a prepararlo
para vivir autónomamente y estar integrado social
y laboralmente en nuestra comunidad cuando sea
adulto.
Al comparar
ambos tipos de escuela se pone de manifiesto
los grandes beneficios que supone la
integración de las personas con síndrome
de Down en la escuela ordinaria:
-
mayores niveles de alfabetización, cálculo
numérico y logros académicos superiores
-
mejores habilidades del lenguaje hablado
-
mayor madurez en las capacidades sociales
-
mayor desarrollo cognitivo
-
mejor memoria verbal a corto plazo
-
mayores retos y estimulación al estar
en contacto con niños que tienen mejores rendimientos
en el aspecto cognitivo
-
mayor expectativa de los docentes sobre
su comportamiento y madurez social adecuados
a su edad
-
entorno lingüístico normalizado.
La posible desventaja de educarse integrado en un centro
ordinario es la falta de oportunidades de
trabar amistades especiales y recíprocas basadas
en la comprensión y ayuda mutua, y una menor
autoestima. Acudir a un centro especial permite
a los alumnos compartir intereses y capacidades
similares y poder sostener una relación recíproca
y de apoyo mutuo.
No hay pruebas en la actualidad
de que asistir a colegios especiales produzca
beneficios específicos (exceptuando la de establecer
relaciones de amistad recíprocas). Un colegio
especial no ofrece un entorno didáctico óptimo,
ya que en el grupo solo hay alumnos discapacitados.
El tipo de colegio no influye en las capacidades
mentales generales no verbales, independencia
personal (se aprende en el hogar), capacidades
sociales, actividades de ocio y tiempo libre
y comportamiento social.
La integración escolar en España
ha experimentado un gran avance en los últimos
años. El Ministerio de Educación y Cultura muestra
que en el año 2003 el porcentaje de alumnos
de integración en Centros Educativos Ordinarios
es de un 80%. El 20% restante está escolarizado
en Centros Educativos Específicos. Estos y otros
datos sobre la integración pueden consultarse
y ampliarse en la siguiente dirección:
http://wwwn.mec.es/mecd/estadisticas/files/CifEdu2003.pdf
El mejor elemento para predecir el éxito de la integración es la actitud
del personal docente que va a tratar con
el niño con síndrome de Down. Si ellos creen
en la integración, sus alumnos también creerán
en ella. Sus actitudes serán las que aprendan
los alumnos.
La educación
integradora mejora los colegios en todos
los sentidos: aumenta la capacitación del
personal; los métodos pedagógicos se flexibilizan,
se recurre frecuentemente a tutorías y a
los grupos reducidos de trabajo; los estudiantes
se implican en la enseñanza y el aprendizaje.
Pero la integración no es sencilla. La integración realmente funciona...
1) Cuando se comienza por la formación de
los profesores
2) Cuando se inicia en la escuela primaria
3) Cuando se inicia en casa y en la familia
4) Cuando se estudian previamente las necesidades
educativas especiales de los niños
5) Cuando se prepara simultáneamente a los
alumnos de la clase sin discapacidad.
6) Cuando paralelamente a la integración
física en el aula se prepara un currículum
individualizado y longitudinal
7) Cuando se reduce el número de alumnos
sin discapacidad en clase
8) Cuando se eliminan las barreras arquitectónicas
9) Cuando el alumno recibe los apoyos necesarios
10) Cuando se hace una evaluación honesta y rigurosa
“El futuro está en la escuela inclusiva” ( J. Perera 2003)