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El Síndrome de Down -> El futuro del Síndrome de Down

En los últimos 15 años las cosas han cambiado radicalmente para las personas con Síndrome de Down. Y han cambiado para bien. Estos cambios hacen que caminemos hacia un futuro cada vez más esperanzador y positivo. Los motores de este cambio han sido:

1.         Los avances científicos sobre la identidad y consecuencias de la trisomía 21.

2.      La atención médica especializada a través de programas específicos de medicina preventiva para el Síndrome de Down.

3.       Una auténtica revolución en la intervención educativa: una revolución que empezó por aceptar a la persona con Síndrome de Down tal como es y por creer en ella. Una revolución que empezó por demoler los mitos del “no”: no podrá hablar, no podrá leer, no podrá comprender valores, no podrá esto, no podrá lo otro...Una revolución que cambió el “no” por el “sí”: es capaz de hacer, es capaz de aprender, es capaz de trabajar, es capaz de disfrutar, es capaz de asombrarnos. Una revolución que en los países de occidente se esforzó por incorporar e integrar --que es mucho más que incluir—a la persona con Síndrome de Down en la escuela y en la sociedad dotándole de medios y recursos para manejarse y adaptarse dentro de ella.

4.       La percepción social de las personas con Síndrome de Down también ha cambiado. Nunca como ahora la sociedad ha estado más sensible y abierta al mundo de la discapacidad, a pesar de que todavía queda mucho por hacer.

5.       La implicación cada vez mayor de las familias en todo el proceso educativo. Los padres antes confiaban en la “institución”, hoy son actores responsables en la escuela y en toda la atención que la persona con síndrome de Down necesita a lo largo de toda su vida.

6.       El fuerte movimiento asociativo de padres y profesionales especializados en Síndrome de Down: asociaciones locales, regionales, nacionales, una Federación Europea (EDSA) y una Federación Mundial (FEISD) responsable de organizar cada cuatro años en un lugar del mundo el Congreso Mundial sobre el Síndrome de Down.

Estos cambios, estas acciones, estos enfoques han dado ya fruto, y sobre todo han contribuido eficazmente a mejorar la calidad de vida de las personas con Síndrome de Down de todas las edades. Los avances en la calidad de vida han sido, principalmente, los siguientes:

a)    Una mayor esperanza de vida y un mejor estado de salud a lo largo de toda la vida: en el año 1900 la esperanza de vida de un niño con Síndrome de Down estaba alrededor de los 9 años. Actualmente está sobre los 50, y una de cada diez personas llegará a vivir hasta los 70.

b)   Un mejor funcionamiento intelectual: se ha aumentado el nivel intelectual que hoy se sitúa como media en un retraso mental moderado. De hecho entre un 70 y un 80 % de los niños con síndrome de Down son hoy capaces de leer y escribir y acuden a la escuela ordinaria.

c)    Una mayor destreza y responsabilidad para realizar un trabajo útil y remunerado: buena parte de las personas con Síndrome de Down son hoy capaces de trabajar. Las experiencias en este campo demuestran que el trabajo transforma su vida, porque tienen -igual que nosotros- un proyecto de futuro.

d)   Una mayor grado de autonomía e independencia para guiar su futuro: porque la mayor esperanza de vida y el mayor nivel intelectual originan nuevas necesidades: relaciones afectivas, vida en pareja,...En la actualidad es posible que la mayoría de las personas con Síndrome de Down sobrevivan a sus padres, que sus hermanos no puedan, o no quieran, ocuparse de ellos. Por eso es tan importante fomentar su autonomía personal, su capacidad de decisión, su vida independiente o en pequeñas viviendas tuteladas, etc.

e)    Una mayor capacidad para vivir una vida independiente plenamente integrada en la comunidad: la imagen de la persona con síndrome de Down ha cambiado. Por eso la sociedad cada vez la acepta mejor. A nadie le llama hoy la atención ver en el cine, en el hipermercado o en un autobús público a una persona con síndrome de Down que utiliza con autonomía los servicios de la comunidad.

f)    La toma de conciencia de sus propias posibilidades conforme van madurando: han dejado de ser sujetos pasivos, receptores y ejecutores autómatas de órdenes, preceptos e indicaciones. Ahora se sienten protagonistas, quieren tomar decisiones sobre su propia vida y auto-defenderse. Exigen un hueco en la sociedad en que viven.

Pero necesitamos seguir trabajando y avanzar más en este principio del siglo XXI. Por eso debemos reflexionar sobre el mañana, el futuro, de los principales retos que el  mundo del síndrome de Down tiene planteados para los próximos diez años.

¿Cuáles son estos RETOS?

El PRIMERO de ellos nos lo brinda la genética. El proyecto “GENOMA HUMANO” constituye la mayor aventura científica de la biología humana. Lo que hoy sabemos del mapa genético humano y especialmente de la secuenciación del cromosoma 21 y de los 225 genes que en él se alojan, nos ofrece una gran cantidad de información, que necesitará mucho tiempo para ser interpretada y ordenada.

Es evidente también que la ingeniería genética, el diagnóstico molecular y la terapia génica están avanzando a pasos agigantados que algunos califican de ciencia-ficción. Se va a poder, por ejemplo, analizar, dentro de pocos años, qué genes, qué mutaciones son las responsables de cada tumor y diseñar terapias específicas para cada paciente. La terapia génica (técnica mediante la cual un gen exógeno normal se inserta en las células somáticas de un paciente para corregir un error o para dotar de una nueva función a las células), no está dando-por ahora- los resultados que se esperaba.

En el caso del síndrome de Down, que es lo que a nosotros nos importa, no existe todavía en la actualidad, ninguna probabilidad de modificar la alteración genética del síndrome de Down. La investigación sobre la acción de los genes que se encuentran alterados en las personas con síndrome de Down, permitirá en el futuro desarrollar acciones de tratamiento específico para algunas de las alteraciones de quienes la padecen. De entre ellas el retraso mental es el primer tema a abordar.

El SEGUNDO reto es el de conseguir el pleno reconocimiento y ejercicio de todos los derechos de las personas con síndrome de Down en aplicación de los principios de normalización, no-discriminación e igualdad de oportunidades.

Actualmente constatamos que las personas con síndrome de Down son individuos de pleno derecho, a pesar de su capacidad limitada para los logros académicos; son capaces de aprender, pueden divertirse, ser responsables, dignos de confianza y muy trabajadores. Tienen los mismos sentimientos que los otros seres humanos, y también altibajos. Son felices cuando las cosas van bien; están tristes cuando son ofendidos o considerados como ciudadanos de segunda clase. Demuestran que no deben ser discriminadas, institucionalizadas, ni apartadas, sino que son capaces de participar activamente en la sociedad en la que viven.

La filosofía que prevalece hoy día lleva implícita el concepto de que nadie es perfecto, de que todos tenemos nuestra propia personalidad, nuestras capacidades peculiares y nuestros puntos fuertes y débiles. Es más, debemos defender que en una sociedad moderna y plural “la diversidad enriquece el conjunto”. Falta mucho todavía por hacer en este campo y esto es un reto muy importante en el que tienen un papel muy destacado las familias y Asociaciones en el siglo XXI.

El TERCERO es el de propiciar un bienestar óptimo a las personas con síndrome de Down de todas las edades, en todas las áreas de la actuación humana. A esto hoy se le llama calidad de vida.

Esta es una expresión muy bonita pero que en nuestro caso- las personas con síndrome de Down- tiene consecuencias muy concretas que han de ser un objetivo permanente para familias, profesionales y Asociaciones.

Esto se concreta en los siguientes objetivos:

  1. Mejorar en todo lo posible la salud de cada individuo. Aplicado al viejo adagio “mens sana in corpore sano”.
  2. Procurar una educación para la autonomía y para la vida. A veces nos estancamos en que aprendan conocimientos cuando hoy lo verdaderamente importante es que les enseñemos a vivir. De ahí la enorme trascendencia de lo que hoy se llama “programas de transición a la vida adulta”. Programas que han de aplicarse desde la escuela primaria y cuya eficacia está demostrada.
  3. La incorporación al mundo laboral. Calidad de vida significa también tener un proyecto de futuro. Y no se puede tener un proyecto de futuro sin un trabajo estable y remunerado. La mayor parte de las personas con síndrome de Down son hoy capaces de trabajar si se les prepara adecuadamente, si adaptamos los puestos de trabajo a sus necesidades reales y si les damos la oportunidad de hacerlo. Las experiencias en este campo demuestran que el trabajo transforma la vida, enriquece su experiencia personal y les da mayor seguridad y autonomía. La persona que trabaja tiene más probabilidades de ser autosuficiente, de vivir de forma independiente o en pequeñas viviendas tuteladas sin ser una carga para la familia y la sociedad.
  4. La preparación para el ejercicio de su vida afectiva y sexual. ¿Por qué si uno tiene el síndrome de Down debe estar condenado a vivir en soledad cuando ése no es su deseo? Si admitimos el hecho de que las personas con síndrome de Down están tomando roles de adultos, hemos de reconocer que uno de estos roles es la vida en pareja o matrimonio. Y es nuestra obligación prepararles para ello.

Pero el futuro del síndrome de Down va más lejos, y los niños de hoy serán mañana hombres diferentes, porque los programas de calidad de vida están consiguiendo que disfruten de una buena salud y de una vida más larga, tengan el reconocimiento social, se eduquen en la escuela ordinaria, se preparen para el trabajo, vivan integrados en la comunidad, sean capaces de autodefenderse y, en definitiva, tengan su propio proyecto de futuro.

La realidad es que ya hoy, los buenos programas de calidad de vida para las personas con síndrome de Down están consiguiendo que muchas personas con síndrome de Down disfruten de una buena salud y de una vida más larga, tengan el reconocimiento social, se eduquen en la escuela ordinaria, se preparen para el trabajo, vivan integrados en la comunidad, sean capaces de autodefenderse y, en definitiva, tengan su propio proyecto de futuro. Pero en toda Europa son todavía pocas las personas con síndrome de Down que alcanzan realmente estos objetivos. Hemos roto esquemas y hemos demostrado que es posible. Tenemos los instrumentos técnicos. Sabemos a donde queremos llegar, pero necesitamos asociaciones específicas para el síndrome de Down, más activas y apoyo de los Gobiernos Nacionales y de la U.E. En aquellos países en vía de desarrollo, estoy pensando ahora en muchos de los países del Este, donde queda todavía mucho por hacer, es importante que se tenga claro el modelo a seguir, los objetivos a alcanzar y el apoyo incondicional de las sociedades más avanzadas.

*Este capítulo está escrito por el Dr. Juan Perera Mezquida

© 2007 ASNIMO (Asociación Síndrome de Down de Baleares) se constituyó en Palma de Mallorca el 20 de noviembre de 1976, como una entidad sin fin de lucro, dedicada a la atención de personas con el síndrome de Down de Baleares. Es la titular del Centro Príncipe de Asturias en Marratxí, centro declarado de interés social preferente (R.D. 3260/78. BOE 29 de enero 79).