El
Síndrome de Down ->La
familia de la persona con S.D.
En el seno de la familia se proporcionan las primeras oportunidades
de aprendizaje y crecimiento gracias al cariño,
amor, sensación de seguridad y atención que
se dan en él. Por eso la familia de la persona
con síndrome de Down tienen una influencia fundamental,
esencial y decisiva en su desarrollo.
a) Los padres
El nacimiento de un bebé con
Síndrome Down es una situación que provoca un
gran impacto emocional en los padres
(shock o bloqueo emocional), seguido de una
fase de incredulidad. Los padres no quieren
aceptar la inesperada noticia, y suelen recurrir
a la negación de esta realidad como mecanismo
de defensa. Van asumiendo la realidad y surge
entre ellos los sentimientos de culpabilidad
(acusaciones mutuas y propias de lo ocurrido),
frustración y miedo (al qué dirán,
a cómo cuidar al niño...).
Se debaten al mismo tiempo
entre la tristeza y la alegría.
Al fin y al cabo están viviendo un período
de duelo en el que necesitarán el máximo
apoyo de familiares, amigos, profesionales y
asociaciones (además de la ayuda mutua que se
deben prestar el uno al otro) para llegar a
la comprensión y asimilación de la discapacidad.
El proceso de aceptación de
un hijo con síndrome de Down va a depender de
la capacidad personal y de la cohesión familiar
para enfrentar situaciones críticas; “llegará a medida en que se
vayan reconociendo las fortalezas y encantos
que trae implícitos el nuevo bebé más allá del
Síndrome con que ha nacido. (Patricia Durant Caballero). Resulta muy
positivo para la aceptación la expresión de
emociones y sentimientos de todo tipo que embargan
a los padres.
Los padres necesitan orientación
para saber qué expectativas pueden tener sobre
sus hijos con síndrome de Down. Es
fácil consentirlos y malcriarlos, pero deben
esperar un comportamiento adecuado a su edad.
Esto será más sencillo si se establecen rutinas
desde la infancia en la alimentación, sueño
y otras actividades cotidianas porque con ello:
-
Aumentamos
su sensación de seguridad
-
Establecemos
unas normas conductuales
-
No
satisfacemos siempre sus peticiones y deseos.
También es beneficioso exponerles
a modelos correctos de comportamiento aumentando
y variando sus experiencias sociales.
Los padres deben intentar cubrir las necesidades de sus hijos con
síndrome de Down e integrarlos en la sociedad.
Para ello es importante que sus hijos:
-
No asuman un “trono” dentro de la familia
-
No estén consentidos ni malcriados
-
Tengan momentos de juego, y no siempre
de terapias y ejercicios
-
Perciban un trato lo más similar posible
al que reciben sus hermanos en la familia
-
Puedan acceder a las mismas oportunidades
educativas que el resto de niños.
-
Estén integrados en la escuela ordinaria:
evitar la segregación o separación del grupo-clase,
introduciendo las actividades especiales específicas
en el entorno menos restrictivo posible.
-
Puedan tener múltiples y variadas relaciones
sociales, tanto con adultos como con niños.
-
Se integren en la vida diaria, utilizando
los servicios de la comunidad y desarrollando
su tiempo de ocio con actividades sociales.
En ocasiones, los padres viven demasiado dedicados al hijo con síndrome
de Down, sin prestar la debida atención a las
necesidades de los demás hijos. La llegada a
una familia de un hijo con síndrome de Down
rompe no solo las ideas y costumbres de los
padres, sino también las de los hermanos (por
todo el tiempo que pasarán juntos).
Por eso, los padres deben tomar una serie de precauciones para facilitar
la aceptación de sus otros hijos a la situación
provocada por el hermano con síndrome de Down:
1)
Conocer
a cada hijo con sus peculiaridades y diferencias:
quererlos y aceptarlos
2)
No
consentir a los hijos en exceso: ni a los que
tienen síndrome de Down ni a los que no lo tienen.
3)
No
sobrerresponsabilizar a los hijos que no tienen
discapacidad.
4)
No proyectar sus ilusiones
y expectativas en los hijos sin discapacidad:
aprender que no son perfectos.
5)
Agradecer
a los hijos la ayudas prestadas
6)
Permitir
la expresión libre de todos los miembros de
la familia.
7)
Crear
tiempos y espacios exclusivos (“momentos”) para
los hijos sin discapacidad: escucharlos.
8)
Respetar
los momentos en que sus hijos quieren estar
solos o realizar actividades sociales sin sus
hermanos
9)
Dejar
que los hermanos arreglen sus propias diferencias
sin intervenir, a no ser que sea necesario.
10)
Procurar
que la dinámica familiar sea lo más normal posible.
b) Los hermanos
La persona con síndrome de Down
necesitan mucha atención y cuidado. Los principales
afectados de esta “atención absorbida” son los
hermanos de las personas con síndrome de Down,
que pueden estar menos atendidos por sus padres.
Además, los padres suelen esperar demasiado
de ellos y mantener altas expectativas sobre
sus logros y capacidades.
Los hermanos tienen problemas,
como todos los seres humanos que van creciendo:
necesitan tiempo y ayuda para solucionarlos.
Los hermanos de una persona con síndrome de Down experimentan múltiples
emociones hacia su hermano: celos, miedo, soledad,
vergüenza, resentimiento, odio, agresividad
hacia sus padres, presión, exceso de responsabilidad
y ayuda, etc. Cada hermano tiene una manera
distinta de enfrentar y entender las cosas:
a unos les resulta más fácil que a otros.
Los hermanos de una persona con síndrome de Down tienen necesidad
de sentirse respetados en su individualidad,
ser comprendidos. Para aceptar las consecuencias
de tener un hermano con síndrome de Down, necesitarán
recibir una información, orientación y asesoramiento
profesional adecuado.
La calidad de relación entre los hermanos
depende de la calidad de relación de los padres
con todos sus hijos: su actitud, su comunicación,
su capacidad de afrontar diversidad de situaciones,
etc.
A lo largo de toda la vida los hermanos se influyen mutuamente. Esta
relación provoca continuas situaciones que sirven
de entrenamiento y anticipo de lo que después
será la vida real. Así, la relación entre hermanos
es una escuela aprendizaje social, comportamental
y vital. La relación que se establece
entre los hermanos cuando uno de ellos padece
el síndrome de Down no es ni mejor ni peor:
es diferente. Suele resultar más sencilla en
la infancia y adultez, y se complica en la adolescencia
y vejez (cuando necesitan cuidados y los padres
faltan).
La mayoría de los hermanos
de las personas con síndrome de Down tienen
mayor conciencia y sensibilidad hacia los demás;
suelen ser más empáticos y comprensivos con
el dolor y las limitaciones humanas; y más conscientes
de sus capacidades y posibilidades.
Pero los padres no deben olvidar
que sus hijos sin discapacidad también tienen
necesidades y carencias que deben atender y
resolver Debemos saber cuándo están teniendo problemas de aceptación
de su hermano con síndrome de Down. Este tipo
de actitudes y comportamientos pueden no detectarse
a simple vista, pero bastará observar su vida
escolar, social, personal para ver reflejadas
estas dificultades y tratarlas lo antes posible.
Las “herramientas” que mejor
funcionan para solucionar las dificultades familiares
son el cariño, la alegría, la comprensión y
escucha, la sensación de seguridad, la naturalidad
y la comunicación.