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PERFIL LABORAL DEL SÍNDROME DE DOWN La incorporación al trabajo de las personas con síndrome de Down constituye el paso final hacia su participación plena en la vida de la comunidad (Kiernan, Schalock y Knutson, 1989). Dar a los jóvenes con síndrome de Down la oportunidad de trabajar significa no sólo el salario percibido, sino también el reconocimiento de su valor social por parte de la familia y su aceptación en el seno de la comunidad; se les da la posibilidad de hacer amigos y establecer vínculos afectivos con personas no discapacitadas (Verdugo y Jenaro, 1993). Debemos partir de la singularidad de cada sujeto y de su diversidad (Perera, 1995) para empezar a formar a los jóvenes con síndrome de Down para el trabajo. Su nivel de conocimiento (2º-3º de Primaria) y de capacidades limita sus posibilidades reales de trabajo a la ejecución de tareas simples, que no requieran de operaciones intelectuales complejas o habilidades manuales complicadas (Perera, 1987). No es práctico ni provechoso tratar de darles formación profesional teórica para una ocupación. Es más positivo orientar su formación hacia tareas específicas que ofrecen una posibilidad real de trabajo. La formación debería sistematizarse según el siguiente proceso:
Dar a un joven con síndrome de Down la oportunidad de trabajar significa ofrecerle, además de la formación previa de la que ya hemos hablado, las alternativas más adecuadas para sus capacidades. ¿Cuáles son estas alternativas? CENTROS OCUPACIONALES, TALLERES PROTEGIDOS Acuden a estos centros los jóvenes con síndrome de Down que tienen importantes limitaciones físicas o mentales. Allí se les da la oportunidad de mejorar sus capacidades, su autonomía personal y socialización, además de aprender un oficio desde la práctica. CENTROS DE EMPLEO ESPECIALES En España, constituyen la principal alternativa laboral para las personas con síndrome de Down u otro tipo de discapacidad. Son empresas que compiten con criterios empresariales y con todas las obligaciones y derechos de las empresas que funcionan en el mercado. Una parte de los trabajadores tienen algún tipo de discapacidad y trabajan como operarios permanentes de la plantilla, con los mismos derechos y obligaciones de cualquier empresa normalizada. Esta alternativa será más o menos normalizada o integradora dependiendo del puesto que desempeñen, de los servicios de empleo, del apoyo del personal, de los criterios de gestión y del número de trabajadores no discapacitados. En todo el mundo las personas con síndrome de Down trabajan con gran satisfacción en este tipo de centros, dedicados a cultivos de invernadero, mantenimiento de zonas verdes, ordenadores, imprenta, restauración, etc. Por lo general, los fracasos que se producen en dichos centros no se deben a los trabajadores discapacitados sino a la falta de una buena estructura empresarial, de una financiación adecuada, de tecnología competitiva, de calidad sobre los productos finales y de una buena gestión con criterios estrictamente empresariales. EMPLEO CON APOYO El joven con síndrome de Down debe encontrarse en un puesto de trabajo competitivo a tiempo completo o en uno a tiempo parcial durante no menos de veinte horas; su salario debe ser al menos igual al salario mínimo interprofesional y su lugar de trabajo debe estar plenamente integrado. Hay diversos modelos de “empleo con apoyos” (Verdugo y Jenaro, 1993), y entre otros, los siguientes:
Esta empresa funciona igual que cualquier otra, generando empleo y pagando a los empleados. Está situada en la comunidad que ofrece posibilidades de integración. La integración laboral lleva a la maduración personal y a la plena integración social. “Las personas son lo que trabajan” (Montobbio, 1992) El texto anterior está extraído del libro “Síndrome de Down: Perspectiva psicológica, psicobiológica y socio-educacional”, escrito por A. Comblain, J. Rondal, J. Perera, L. Nadel. *Este capítulo se titula “Integración social y laboral de las personas con síndrome de Down”, escrito por J. Perera. |
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