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PERFIL EDUCATIVO DEL SÍNDROME DE DOWN La educación de todos los niños con o sin síndrome de Down tiene como objetivo el pleno desarrollo de cada niño, que se puede concretar en fomentar las capacidades que les permitan:
Las personas con síndrome de Down tienen unas características educativas particulares; es muy importante conocerlas y ajustar los materiales educativos, espacios, instalaciones, actitudes de los profesionales y compañeros, estilos de aprendizaje, claves motivacionales, metodología, etc. a dichas características. Así lograremos que estas personas desarrollen todas sus potencialidades. El aprendizaje a través de la observación y de la imitación es un punto fuerte de los niños con síndrome de Down. ATENCIÓN TEMPRANA Entendemos que el fin último de la Atención Temprana de niños con síndrome de Down es proporcionar los medios y recursos necesarios para que logren un desarrollo adecuado, fomentando al mismo tiempo la integración familiar y social y buscando que alcancen el grado máximo de autonomía e independencia: que lleven una vida lo más normalizada posible. Debemos tener claro este fin porque a veces se confunde con fines parciales incluidos en los programas como la adquisición de una habilidad o la ejecución de una actividad o juego. La atención temprana exige una actitud activa por parte de los padres y profesionales que rodean al niño con síndrome de Down: se trata de prevenir posibles problemas e intervenir en los que ya los son, no de esperar de brazos cruzados a que el tiempo los solucione. Pero es necesario concienciarse de que el niño con síndrome de Down debe ser, por encima de todo, un niño (no un paciente o enfermo); por lo tanto no es adecuado someter al niño a continuas terapias y ejercicios sin descanso. El ritmo y los objetivos del programa de atención temprana los marca cada niño, con sus características y circunstancias personales. Los programas de atención temprana deben intentar desarrollan el mayor número de capacidades básicas lo mejor posible. Estas capacidades influirán, decisivamente, en la adquisición de otras habilidades. La atención, la percepción, la comprensión, la motricidad gruesa y fina son la base para aprendizajes posteriores, donde se incluyen los aprendizajes académicos. Además, estos programas deben potenciar la motivación y autoestima del niño, independientemente de los resultados obtenidos. Fisioterapia: Los niños con síndrome de Down tienen una musculatura más flácida de lo normal que les genera dificultades para desplazarse autónomamente y coordinar sus movimientos: la independencia. Psicoterapia: es necesario ayudarles a explorar el mundo que les rodea puesto que no son curiosos por naturaleza. Además, serán necesarios apoyos en el desarrollo de la atención, percepción, discriminación, etc. Logopedia: el lenguaje necesita mucha intervención, sobre todo en lo que concierne al área expresiva, puesto que estos niños muestran buena capacidad de comprensión. Psicomotricidad: trabajar habilidades sociales como compartir, jugar, expresarse y prepararse para desenvolverse de manera autónoma en el mundo. La plasticidad cerebral del ser humano es mayor durante su primer año de vida. Por ello, debemos aprovechar este momento clave para desarrollar al máximo todas sus capacidades, puesto que en este desarrollo previo descansará su futuro desarrollo vital. LECTURA Y ESCRITURA Antes, la mayor parte de las personas con síndrome de Down eran analfabetas porque se les negaba la posibilidad de aprender a leer y escribir. Hoy la mayoría de ellas aprenden a leer y escribir. Para que las personas con síndrome de Down desarrollen una vida normalizada e integrada es muy necesario el aprendizaje de la lectura y escritura. La iniciación a la prelectura puede hacerse desde los 2 años. Los niños con síndrome de Down aprenden bien a través de métodos visuales y esto les ayuda a aprender a leer. Las actividades de lectoescritura les provocan beneficios como:
La lectura y escritura deben ser trabajadas a ritmo distinto porque los niños con síndrome de Down pueden aprender a leer antes que a escribir, ya que las habilidades grafomotrices se desarrollan más tarde. Los niños con síndrome de Down también deben mejorar su comprensión lectora. Esto se realiza trabajando textos escritos. Esto resultará más efectivo si los textos elegidos “conectan” con el alumno con síndrome de Down respecto al tema y vocabulario. Además, es recomendable que las frases y los párrafos no sean muy extensos. Facilitaremos todavía más la comprensión de los textos si presentamos la información con un tamaño y tipo de letra adecuado y atractivo para los alumnos con síndrome de Down. El ordenador es motivador, novedoso y atractivo para todos los niños; puede ayudar a mejorar el lenguaje escrito de las personas con síndrome de Down si se trabajan los ejercicios adecuados y enfocados a dicho fin. Existe la necesidad de unos requisitos previos a la lectura:
Las personas con síndrome de Down presentan serias dificultades en la aritmética y el cálculo, procesos en los que han de intervenir la memoria a corto plazo y el procedimiento numérico. En el cálculo tienen dificultades casi todos los niños y jóvenes, tengan o no síndrome de Down. Hay un componente de abstracción muy alto que dificulta comprenderlo y aplicarlo. Para resolver los problemas es necesario comprender su enunciado. El lenguaje que empleemos es muy importante para la comprensión. Muchas de las palabras que utilizamos forman parte del lenguaje habitual, pero trasladadas al lenguaje matemático tienen un significado particular y esto dificulta la comprensión.
CENTRO EDUCATIVO ORDINARIO: LA INTEGRACIÓN Hace 30 años los niños con síndrome de Down no acudían a los colegios ordinarios sino a los colegios especiales segregados, formados únicamente de personas con discapacidad. Les enseñaban habilidades educativas prácticas para la vida cotidiana, y los programas académicos eran mínimos o no existían. El entorno social y pedagógico era anormal y empobrecido. No tenían modelos de su edad para jugar, aprender a hablar o a comportarse. Hoy, esto ha cambiado en muchos lugares y, desde la infancia, estas personas reciben servicios atención primaria y programas educativos específicos para atender a sus necesidades. Acuden a colegios ordinarios. Consiguen una independencia y oportunidades laborales. En principio, todos los niños con síndrome de Down o con dificultades similares deberían estar integrados en la escuela ordinaria, exceptuando aquellos casos más complicados, que tienen asociados al síndrome otras patologías y que requieren de unas adaptaciones curriculares individuales muy significativas (entorno al 15% de las personas con síndrome de Down). Optar por un centro de educación especial o por un centro educativo ordinario (de integración escolar) tiene ventajas e inconvenientes en ambos casos, por lo que será necesario estar atento y compensar las carencias de una u otra modalidad. Para tomar la decisión se debe analizar qué es lo más adecuado para cada niño en concreto, teniendo en cuenta sus características personales y sus circunstancias familiares. Se trata de decidir qué tipo de escolarización va a ayudar mejor al niño a desarrollar sus capacidades y a prepararlo para vivir autónomamente y estar integrado social y laboralmente en nuestra comunidad cuando sea adulto. Al comparar ambos tipos de escuela se pone de manifiesto los grandes beneficios que supone la integración de las personas con síndrome de Down en la escuela ordinaria:
La posible desventaja de educarse integrado en un centro ordinario es la falta de oportunidades de trabar amistades especiales y recíprocas basadas en la comprensión y ayuda mutua, y una menor autoestima. Acudir a un centro especial permite a los alumnos compartir intereses y capacidades similares y poder sostener una relación recíproca y de apoyo mutuo. El tipo de colegio no influye en las capacidades mentales generales no verbales, independencia personal (se aprende en el hogar), capacidades sociales, actividades de ocio y tiempo libre y comportamiento social.
“El futuro está en la escuela inclusiva” ( J. Perera 2003) |
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