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El síndrome
de Down (SD) está causado por la trisomía del
cromosoma 21. Actualmente se considera que el
desequilibrio dosis-gen es el responsable de los
fenotipos que se observan en la trisomía 21. Algunos
fenotipos aparecen en todas las personas afectadas
y otros aparecen sólo en parte de ellas. Además,
para cada fenotipo hay una considerable variabilidad
en la expresión.
El principal
aspecto fenotípico del SD es un constante deterioro
cognitivo, aunque muy variable en su gravedad.
Las malformaciones congénitas ocurren con diferente
incidencia: los defectos cardíacos congénitos
(DCC), la enfermedad de Hirschprung y la estenosis o atresia duodenal son algunos ejemplos. Es frecuente
la laxitud congénita de tejido conectivo. Las
personas con SD son propensas a desarrollar enfermedades
autoinmunes (hipertiroidismo, enfermedad celíaca,
trombocitemia, etc.). El retraso en el crecimiento
es casi invariable.
Los defectos cardíacos
congénitos ocurren en más del 40% de personas
con SD. La especificidad del cromosoma 21 en los
defectos de cojines endocárdicos queda patente
debido al hallazgo de que el 70% de todos los
defectos endocárdicos están asociados con el SD,
las mayoría de los defectos de cojines endocárdicos
que se encuentran en la población general
son los asociados con el SD. Otros defectos cardíacos
son el defecto septal ventricular, los defectos
septales atriales y la Tetralogía de Fallot.
El proceso de formación
del corazón requiere la sutil integración de varios
sucesos moleculares y morfogenéticos y debe implicar
la acción de un gran número de genes. La gran
incidencia de DCC en el SD sugiere fuertemente
que los genes que mapean en el cromosoma 21 podrían
estar implicados en la morfogénesis cardíaca y
que su expresión anormal en la trisomía 21 podría
alterar el desarrollo cardíaco.
Se ha reconocido en
adultos con SD una alta prevalencia (hasta el
70%) de prolapso de la válvula mitral y regurgitación
aórtica. Es posible que ambos defectos sean consecuencia
de la laxitud congénita de tejido conectivo.
Los niños con SD representan
aproximadamente un 3% de los niños con leucemia
linfoblástica aguda (LLA) y el 5-8% de los niños
con leucemia mieloide aguda (LMA). Los avances
en investigación definen en general el papel fundamental
que juega el cromosoma 21 tanto en niños con LLA
como en niños con LMA.
Existe un riesgo 20
veces mayor de desarrollar leucemia en personas
con SD. No ocurre lo mismo con otros tumores sólidos,
con excepción del cáncer testicular, los tumores
de las células germinales y el retinoblastoma.
Hay un riesgo particularmente alto para un tipo
de LMA, la leucemia megacariocítica (LMCA –M7).
Además, hay un riesgo casi 4 veces mayor de LMA
que de LLA en niños con SD y la incidencia
de LMA tiende notablemente hacia una menor edad,
siendo raros los casos que superan los 5 años
de edad. En cuanto al tratamiento, la evolución
de la LLA en niños con SD es semejante a la de
los niños sin SD, a diferencia de la evolución
claramente mejor de los pacientes con SD-LMA en
comparación con los no SD-LMA. Esto, en efecto,
es debido a la mayor sensibilidad de los SD-LMA
a la ARA-C y a otras antraciclinas. Una causa
posible parece ser la mayor generación de radicales
de oxígeno y el incremento de apoptosis espontáneas
en múltiples sistemas celulares del SD.
Una de las expresiones
más fascinantes del SD es el trastorno conocido
como síndrome mieloproliferativo transitorio (SMT)
o leucemia transitoria (LT). Se observa típicamente
en neonatos y tiene una alta incidencia de remisiones
espontáneas. Aunque en gran medida es clínicamente
silente, en algunos casos hay peligro de muerte.
En los casos graves, el niño puede nacer con hidrops
fetalis y mostrar evidencia de fallo multiorgánico.
La mortalidad neonatal puede oscilar entre un
11 a un 55%. Hasta un 30% de los que logran una
remisión espontánea desarrollarán posteriormente
una LMCA.
La patogénesis del
SMT/LT y de la LMCA podría relacionarse con mutaciones
del gen GATA1 (situado en el cromosoma X) que
han sido detectadas casi exclusivamente en pacientes
con SD afectados de estas formas de leucemia.
El retraso del crecimiento
en el SD puede tener un origen multifactorial.
No hay deficiencia de la hormona del crecimiento
(HC), aunque se ha descrito una producción endógena
suboptimal debido a una disfunción del hipotálamo.
Se ha observado una deficiencia de IGF-1 en suero.
Los trastornos del
sistema inmunológico en el SD se conocen bien
pero no están claramente especificados. Recientes
investigaciones han mostrado que un trastorno
raro, el síndrome poliendocrino autoinmune tipo
I (SPAI) es causado por una mutación del gen AIRE
en el cromosoma 21. La alta prevalencia de enfermedades
autoinmunes en el SD pude deberse a una desregulación
del gen AIRE.
El hipotiroidismo
tiene una mayor incidencia en el SD. El hipertiroidismo
congénito primario persistente afecta al 0,07-0,10%
de neonatos con SD, contra el 0,015-0,020% de
neonatos de la población general. El hipotiroidismo
adquirido también en mucho mayor. Los datos descritos
oscilan del
13 al 54% frente a valores que oscilan del 0,8
al 1,1% de la población normal.
Se han detectado autoanticuerpos
tiroideos en el 13-34% de las personas con SD.
La patogénesis de los trastornos del tiroides
parece que está correlacionada con una combinación
de autoinmunidad tiroidea e hipoplasia progresiva
de la glándula tiroides.
Hay una condición exclusiva del SD que se caracteriza
por el aumento persistente en la concentración
de la hormona estimulante del tiroides (TSH),
asociada con una concentración normal de tiroxina.
La enfermedad celíaca (EC), o intolerancia al
gluten, es un trastorno gastrointestinal autoinmune
observado con mayor frecuencia en el SD. Su prevalencia
alcanza valores del 6%, mientras en que la población
general desciende hasta el 0,43%. Sin embargo,
en la población general, las formas silentes de
la EC son más frecuentes que las formas clínicamente
sintomáticas, mientras que esta proporción se
invierte en el SD.
La susceptibilidad genética a la EC parece estar
asociada con el complejo de histocompatibilidad
mayor (CHM) codificado en la región Clase II del
cromosoma 6. Hasta ahora no se ha presentado ninguna
prueba sobre la relación genética de la EC con
el cromosoma 21.
La secuenciación del cromosoma 21 fue un punto
clave para comprender el SD. Las investigaciones
recientes comienzan a identificar los componentes
funcionales del cromosoma.
Hay dos categorías de genes en el cromosoma
21. Hay genes dosis-dependientes y no dosis-dependientes. Sólo los primeros afectan al fenotipo, cuando
están presentes en tres copias. El efecto en el
fenotipo podría ser tanto directo como indirecto.
El efecto indirecto puede ser debido a la interacción
con genes o productos génicos de otros cromosomas.
Su efecto en el fenotipo puede ser por un alelo
específico y tener un efecto umbral.
Finalmente,
la triplicación de ciertas secuencias no génicas
conservadas (CNGs) funcionales pueden contribuir al fenotipo SD.
Para complicar
esta visión tan compleja, la hipotesis de la sobreexpresión
(1,5 veces) de los genes que están presentes en
3 copias, ha sido parcialmente desafiada en el
modelo murino con trisomía parcial, que muestra
que sólo una fracción de los genes está sobreexpresada
en el valor teórico, mientras que otras no están
sobreexpresadas
o están expresadas a niveles que difieren
en gran medida de los valores esperados.
Todos estos
datos destacan la compleja regulación de la expresión
génica relacionada con el desequilibrio de la
dosis génica en el SD.
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